La terapia no se trata de borrar quién eres, sino de limpiar las distorsiones para que puedas habitarte con compasión. Conoce el marco clínico y científico sobre el cual construimos este espacio seguro.
A diferencia de la psicología clásica que se enfoca estrictamente en modificar el contenido de tus pensamientos, las terapias de tercera generación se centran en cambiar la relación que tienes con ellos y con tus emociones.
No buscamos controlar lo incontrolable; aprendemos a observar, aceptar y redirigir nuestra energía hacia acciones que aporten valor real a nuestra vida. Es una terapia profunda, dinámica y basada fuertemente en evidencia científica.
Principio de flexibilidad psicológica
Mi práctica integra tres marcos clínicos altamente efectivos para tratar desregulación emocional profunda, problemas vinculares y ansiedad severa.

Desarrollada inicialmente para tratar el desborde emocional intenso. En DBT aprendemos habilidades prácticas y concretas que parecen "magia" pero es neurobiología.
La dialéctica nos enseña que dos cosas aparentemente opuestas pueden ser ciertas al mismo tiempo: "Haces lo mejor que puedes, Y AL MISMO TIEMPO, necesitas aprender nuevos comportamientos para mejorar." Todo el modelo se basa en equilibrar la aceptación radical con el cambio de hábitos nocivos.
El sufrimiento humano suele nacer en los vínculos. Cuando perdemos la capacidad de "mentalizar" durante una discusión o crisis, asumimos intenciones catastróficas en el otro ("no me quiere", "lo hace para molestarme"), lo que nos empuja a la reactividad extrema o al aislamiento.

Es la capacidad de "vernos a nosotros mismos desde fuera, y ver a los demás desde dentro". Mentalizar significa entender que nuestro comportamiento y el de otros está motivado por estados mentales subyacentes.

No como una técnica esotérica o un "estado de relajación vacía", sino como un anclaje neurológico al momento presente. Es el pilar sobre el cual se construyen los otros modelos.
Entre un estímulo (lo que te asusta, te enoja o te duele) y tu respuesta (llorar, gritar, huir), existe un pequeño espacio en el que tienes libertad para elegir. El mindfulness nos ayuda a que ese espacio sea cada vez más grande, pasándote del lugar de víctima a conductor de tu mente.
Comenzar terapia da miedo cuando no sabes qué esperar. Así es como estructuro nuestro compromiso psicológico:
En las primeras sesiones no busco sumergirte de lleno en tus traumas profundos. Diagnosticamos, entendemos tu historia, mapeamos tus patrones y definimos objetivos claros hacia dónde caminar.
Antes de explorar heridas necesitamos garantizar que tengas vendas. Te doy herramientas de supervivencia emocional inmediatas (DBT) para que puedas sostener tu estabilidad.
Con la regulación instalada, procesamos aquello que evadias, reparametrizamos los miedos cognitivos y utilizamos la Mentalización para reconectar y sanar vínculos complejos.
El éxito final de una buena terapia es que el terapeuta deje de ser necesario. Nos aseguramos de prevenir recaídas y celebramos tu nueva versión independiente y asertiva.

La terapia funciona cuando consigues un lugar donde te sientes validado y acompañado sin enjuiciamientos morales. Estoy lista para iniciar este proceso contigo.
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