
Uno de los desafíos psicológicos más comunes que observo en terapia es la dificultad para establecer límites. Desde la infancia nos han enseñado a ser complacientes, haciendo que pongamos las necesidades de otros por encima de las nuestras.
Un límite no es una barrera construida con enfado; es una puerta que decides cuándo abrir. Establecer límites es simplemente la práctica de ser honesto sobre lo que es aceptable para ti y lo que no lo es.
El mayor obstáculo que encontramos es la culpa. Cuando empezamos a decir 'no', es normal que sintamos miedo a decepcionar a los demás o incluso a ser abandonados. Sin embargo, un 'sí' dicho desde el resentimiento a la larga termina fragmentando las relaciones.
Comienza poco a poco. Empieza con límites pequeños frente a personas con las que te sientas un poco más seguro. Aprende a tomar una pausa antes de aceptar compromisos rápidos: 'Déjame revisar mi agenda y te confirmo'.
Recuerda que establecer límites es un proceso de entrenamiento mutuo donde tanto tú como tu entorno están ajustando sus expectativas, y está bien si incomoda al principio.
Dar el primer paso es lo más valiente que puedes hacer por ti. Estoy aquí para acompañarte en tu proceso.
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